jueves, 24 de abril de 2014

Yagüe fue el máximo responsable de la matanza de Badajoz.

Las órdenes eran claras: matar, matar hasta conquistar. Según las ordenes reservadas del general Mola, el director del golpe de Estado, había que paralizar mediante el terror a todo el que no fuera adicto a los rebeldes.  Y no hay mayor terror que arrancar la vida a alguien. Esa era la táctica. Solo tenemos que ver un ejemplo (los hubo a miles): En Zafra -localidad pacense-, no hubo ni asesinatos ni resistencia, aun así, se confeccionó una lista con más de 50 personas para que fueran ejecutadas: no se podía alegar delitos de sangre ni auxilio a la rebelión, pero las balas rebeldes acabaron con más de 50 personas -el 1% de la población-. Aconsejo la lectura de la Amargura de la memoria escrito por el sin par José María Lama

En Badajoz sí hubo asesinatos y también una fuerte defensa del sistema republicano. Tenemos que decir que la posterior represión rebelde no buscó la justicia. No fue más que un acto vil; se cumplían varios objetivos: paralizar mediante el terror, deshacerse de la competencia política y la venganza por las bajas propias. Aunque responsabilicemos a Yagüe de la cruel matanza, en la mal llamada España Nacional, personas como Yagüe las hubo en una cantidad nada deseable. También encontramos seres de la misma calaña en la zona republicana. No se puede pasar por alto que en tan solo 6 meses mataron a casi 50.000 personas.

Jamás justificaremos a los asesinos que mataban bajo banderas tricolores, rojas o rojinegras. Un asesino es un asesino sea de la ideología que sea. Solo matizamos que muchas autoridades republicanas -no todas, pero sí en una cantidad reseñable- se oponían a la voracidad asesina de los que se suponen que tenían que defender un Gobierno salido de las urnas.

Desde que los mal llamados revisionistas hicieron acto de presencia, cierto sector historiográfico (y político) se han deshecho de viejos temores y se han lanzado a legitimar el Golpe de Estado del 17/18 de julio, justificando así la Guerra Civil y los 36 años de dictadura. Prueba clara es el escándalo de Diccionario Biográfico Español de la RAH, donde le encargan al presidente de la Hermandad del Valle de los Caídos -Luis Suárez Fernández- la Biografía de Franco. Esto solo puede pasar en España, donde tienen que ser los jueces los que den la razón a la ley de la Memoria Histórica, como ha pasado recientemente en Granada:
El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha condenado al Ayuntamiento de Granada a retirar definitivamente el monolito a José Antonio Primo de Rivera de la plaza de Bibataubín. La Sala de lo Contencioso del Alto Tribunal ha estimado el recurso del Abogado del Estado y considera que no existen "razones artísticas" que justifiquen mantener el monumento, por lo que revoca la sentencia en primera instancia que daba la razón al Consistorio y ordena que se cumpla la Ley de Memoria Histórica, aún vigente, aprobada en 2007 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. (El Mundo)
También saltó a la prensa cuando en Cáceres de la fachada del TSJEx se quiso retirar un escudo franquista, al final fue otra vez la justicia quien puso orden:
El Juzgado resuelve que no ha existido delito en la retirada del escudo del TSJEx. Determina, como ya hiciera la Fiscalía, que la actuación no ha constituido ninguna infracción penal contra el patrimonio histórico . Desde su desmontaje el blasón se encuentra, subdividido en siete bloques, en el almacén del Museo de Cáceres a la espera de ubicación. (El Periódico)

Ciertos políticos y algunos particulares se niegan a que se cumpla la Ley. Ley que guste o no sigue ahí desafiando a ciertas personas que quieren que la memoria franquista siga recordándonos a los vencedores de la Guerra Civil.

Aquí en Badajoz se han empeñado en salvar la memoria de Yagüe. Un primer intento lo vemos en el libro La represión en Badajoz de Francisco Pilo. Reconocemos que este libro publicado hace más de 13 años pretende ser imparcial, pretensión que le honra, o mejor dicho, que le honró, las posturas del autor actualmente son totalmente opuestas. Esa es al menos la conclusión a la que hemos llegado después de seguirle por Internet.

En La represión en Badajoz se hacen eco de la información que nos ha legado Luis Pla sobre la muerte de su padre y de su tío -eso creemos ya que el autor no cita fuente alguna):
A través de la mediación de los tíos de ambos Jesús Lopo y Antonio Juan Álvarez, se intercedió ante el teniente coronel Yagüe, que durante el tiempo que permaneció en Badajoz solía pernoctar en la casa de dña. Margadela Lopo de Larios, madre de Jesús Lopo (...). Para demostrar su inocencia estos familiares recogieron avales ante la guardia civil y conocidas perosnas de derechas (...) Incluso llegaron a pedir intervención del obispo José María Alcaraz y Alenda, que personalmente se desplazó a la casa de dña. Magdalena donde almorzaba Yagüe. Parece ser que ni se levantó... pag. 71
O Francisco Pilo no tenía la información completa o escamoteó la conversación entre el obispo y Yagüe -no sabemos-:
-¿Qué quiere usted, señor obispo? -le pregunta Yagüe sin levantarse siquiera.
 -vengo a interesarme por los Pla, porque me han dicho que los van a matar.(Claro estaban matando a todos los izquierdistas que encontraban). Y Yagüe le contesta:
-¡Señor obispo, para que algunos vivan como usted, otros tienen que morir! Buenos días...
 Al transcribir la breve conversación entre el obispo y Yagüe observamos que el militar falangista no tenía intención de respetar la vida de los hermanos Pla.

Seguimos leyendo en la pag.72, y nos cuentan que los Pla fueron asesinados cerca de las 5:30 de la madrugada del día 19. Les aplicaron una peculiar "ley de fugas". Los guardia civiles que los sacaron de la cárcel les dijeron que se bajaran del camión que "tenían órdenes de ponerles en libertad". Una vez que los hermanos se alejaban los guardias dispararon sobre ellos -tampoco cita fuente alguna el autor-.

Continúa Francisco Pilo:
Resulta extraño el modo en el que fueron asesinados los hermanos Pla, pareciéndose más a una maniobra de la mafia que a una ejecución sumarial (...), si el piquete hubiese tenido órdenes expresas [las tuvo] de realizar la ejecución, no habrían tenido ningún problema en colocarlos en el paredón y efectuar el fusilamiento "legalmente".

Hubieran guardado las formas pero el crimen hubiera sido igual de execrable. Sigamos leyendo:
Quien quiera que ordenase la ejecución sabía que Yagüe medio convencido por las personas que habían intercedido por ellos, dudaba en firmar la orden de ejecución y posiblemente pensara dejarles en la cárcel por un tiempo hasta que las cosas se calmaran un poco. Ese mismo día Yagüe salió de Badajoz (...) Posiblemente por temor a que antes de partir firmara la orden de libertad, alguna mano negra ordenó que sacaran los presos y los asesinaran (...)
También nos dan la opción de que Yagüe hiciera más caso a "las murmuraciones que a la razón y ordenara ejecutarlos". Dos planteamientos: en uno se exime de responsabilidad a Yagüe (una mano negra), y en otro un Yagüe "abrumado por las murmuraciones decide el desenlace trágico. Un rígido militar que tenía que cumplir con su beber al precio que fuera.

Esta versión -bastante edulcorada del trágico fin de los Pla- nos muestra que, a veces, especular con los sentimientos y acciones de los personajes sobre los que se escribe es un acto harto peligroso. Yagüe sabía perfectamente el día 19 por la mañana que los hermanos Pla habían pasado a mejor vida. ¿Quién nos proporciona esa información? Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Francisco de la Iglesia. En el último esfuerzo por rebajar las víctimas de la matanza de Badajoz nos muestran un artículo aparecido en el Diario de Lisboa el día 21:
Cuando hoy almorzábamos en el hotel Majestic de Badajoz, entró (...) Yagüe, que se sentó en una gran mesa con su Estado Mayor. En cierto momento alguien entregó al ilustre oficial una carta que Yagüe leyó atentamente. Se trataba de una petición del obispo de Badajoz a favor de un individuo preso. El jefe del tercio cuando acabó la lectura se volvió hacia unos de sus ayudantes y despachó así: -diga al mensajero que comunique al sr obispo que las personas  por quién se interesa y otras, han sido fusiladas esta mañana. Para que el sr. obispo pueda vivir...
 Ni mano negra... Ni murmuraciones. También podían haber pesado los avales de los amigos derechistas de los Pla. Hay un ejercicio bastante descarado para eximir de responsabilidades a Juan Yagüe Blanco. Hay historiadores que incluso han afirmado que el militar africanista se fue el día 16 de Badajoz.



Ver a partir del minuto 27:11, según nos cuentan Yagüe el día 17 ya no estaba en Badajoz.

1 comentario:

  1. A estas alturas, no creo que exista ninguna duda de la responsabilidad de Yagüe en los asesinatos de los hermanos Pla. Es más, ni él negó nunca esa responsabilidad, podría haberlo hecho, ni tampoco algunas de las personas que intervinieron de alguna manera en aquel proceso. Por ejemplo, el por entonces capitán de la Guardia Civil, Manuel Carracedo, que intervino por encargo del propio Yagüe en la recogida de información sobre los hermanos, en la entrevista aparecida en el documental, La Batalla de Badajoz, se refirió a este episodio y en ningún momento habló de otras supuestas responsabilidades en los asesinatos.

    Para mi está bastante claro, además, tenemos el testimonio de un periodista portugués que escuchó en el Magestic como el militar,todavía en Badajoz y por tanto aún responsable de lo que aquí ocurría, le decía al Obispo que los hermanos Pla ya habían sido fusilados.

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