lunes, 22 de agosto de 2016

Artículo de John Elliot sobre la matanza de Badajoz

Badajoz (Del enviado especial John Elliott) La perdida por partida doble, en una semana, de Badajoz y Mérida, ha asestado un golpe fatal a la Segunda Republica Española.

La captura de Badajoz ha hecho posible, a las fuerzas del general Franco, su unión con las columnas del general Mola que operan desde el norte

Los dos ejércitos pueden ahora moverse contra Madrid, cuya caída eventual es un hecho inevitable.

Se puede viajar ahora desde la frontera francesa, vía de Pamplona, hasta Algeciras, en el Mediterráneo, sin salir del territorio controlado por el Gobierno Provisional establecido en Burgos.

Este Corresponsal fue el primer periodista que entró en Badajoz, 24 horas después de haber sido asaltada y tomada por las tres columnas que avanzaron desde Mérida, bajo la dirección del Coronel Castejón.

España es una tierra llena de ciudades memorables. Los dos sitios que sufrió Badajoz en 1811 y 1812 cuando franceses e ingleses luchaban en España, figuran entre las más extraordinarias en la historia del país. Esta ciudad, fuertemente fortificada, rodeada de murallas medievales de 30 pies de ancho, fue tomada en un día, a pesar de la resistencia desesperada que opusieron los marxistas.

Las calles, manchadas de sangre, ofrecen un testimonio elocuente de la ferocidad de la lucha.

Los héroes de la jornada fueron las tropas indígenas traídas de Marruecos Español por el general franco.

Badajoz, a primera vista, parecía hoy una ciudad del norte de África. Las tropas moriscas estaban sentadas bajo los arcos de los portales hablando displicentemente y limpiando los fusiles. Las numerosas víctimas de la batalla del viernes yacían tendidas en montones al lado de una enorme apertura de la muralla urbana. La apertura fue hecha por las autoridades locales hace algún tiempo para dar lugar a la expansión natural de la ciudad. Esta apertura fue un error fatal para los marxistas, pues fue por donde los nacionales entraron en la ciudad.

Las calles están regadas de sangre y de calzados de hombre muertos en la batalla. Las paredes de los edificios están acribilladas por las balas de rifles y ametralladoras. Muchas casas muestran las horribles grietas hechas por la artillería y el bombardeo aéreo. Las baterías del 7.5 mm aun están emplazas en la catedral.

La fachada y acera frente a la residencia del Gobernador militar están teñidas de sangre. Mientras el corresponsal estaba parado en el centro de la ciudad observó cuatro camiones que pasaban cargados de victimas del combate. La mayoría de las casas de la ciudad enarbolan una bandera, pañuelo o toalla blanca. La población lleva bandas blancas con números en las mangas para demostrar que no son ni combatientes ni espías.

El corresponsal escuchó un relato de la batalla de labios de un capitán perteneciente al Estado Mayor del Coronel Castejón:

“Después de capturar Mérida, el martes pasado, salimos en dirección a Badajoz, el jueves. Avanzamos hacia la ciudad en tres columnas, una dirigida por Castejón, otra por el Coronel Asensio y otra por el Coronel De Oro.

Los defensores habían fortificado las murallas con ametralladoras. La misma noche iniciamos un bombardeo intenso sobre la ciudad con artillería y aviones, tratamos entonces de asaltarla. Pudimos comprobar que el trabajo de artillería no había sido adecuado y tuvimos que desistir entonces.

Al día siguiente reanudamos el bombardeo. Las columnas de Castejón y Oro llevaron el ataque mientras que las tropas de Asenjo (sic) permanecían a retaguardia para proteger las comunicaciones. La legión extranjera se distinguió por su heroísmo. Los legionarios asaltaron con bayonetas calada el emplazamiento de las ametralladoras menospreciando su fuego mortífero y logrado desalojar el enemigo y tomar la ciudad. Esta carga quedará como una de las más grandes hazañas en las anales del Ejército español. Entonces los legionarios entraron en la ciudad avanzando de casa en casa, matando a todos los rojos que encontraban. Afortunadamente para los defensores muchos escaparon a Portugal que está a cinco millas de la ciudad. El total de comunistas muertos en la batalla se eleva a 500 o 600 “.

En Badajoz el corresponsal fue recibido por el Gobernador Militar (*). El coronel Tella me habló del esfuerzo desesperado que hicieron los comunistas para reconquistar Mérida, lo cual de haber tenido éxito, hubiera interrumpido las comunicaciones de los Ejércitos nacionales.

El viernes los rojos libraron dos contraataques. En uno de estos participó una fuerzas de 1500 marxistas ayudada por la artillería por la artillería la cual avanzó hasta dos millas de Mérida, en donde le hizo frente el Ejercito nacional. La batalla duró de seis a diez horas, siendo rechazados los rojos con grandes perdidas. Casi al mismo tiempo otra columna compuesta de 4000 hombres, incluyendo un destacamento de caballería, marchó camino de Cáceres hacia Navalmoral, saliéndole al encuentro las tropas nacionales compuestas de regulares, fascistas y voluntarios carlistas. Los rojos fueron otra vez derrotados, abandonando la artillería, camiones, autos blindados y ametralladoras.

En el viaje de Burgos a esta ciudad el corresponsal vió que los nacionales estaban construyendo dos grandes aeropuertos. Se habían quemado campos de trigo y cientos de hombres laboraban día y noche con aplanadoras para nivelar el campo de aterrizaje.

Difundido por Moisés Domínguez.

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