martes, 23 de agosto de 2016

Salvajes marca España



Es absolutamente imposible desmarcar la tauromaquia del maltrato animal; del salvajismo con ñ; del catetismo secular. Ya va siendo hora de llamar las cosas por su nombre.

Si técnicamente a un torero no podemos llamarle asesino porque la RAE dice que asesinar es: "Matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por una recompensa"; y también, según la RAE, alguien: "Designa una o varias personas cuya identidad no se conoce"; por lo tanto, el asesinato es cosa entre humanos. Sí podríamos asignarle otros adjetivos como salvaje (5. adj. Primitivo o no civilizado), cruel (1. adj. Que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos).

Podremos discutir todo lo que queramos pero el vídeo que ha compartido PACMA por las RRSS no deja lugar a dudas. Si usted amable lector es un taurino convencido este vídeo debería hacerle cambiar de parecer a no ser que sea usted un salvaje cruel.


Ahora los taurinos empedernidos podrían pensar: -ya, pero en un toro adulto es distinto, y los antitaurinos podrían contestarle (con toda la razón): -¡y un jamón de pato, muy señor mío!


2 comentarios:

  1. Esto es un producto típico de la España profunda. La España de Puerto Hurraco. La España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María...
    Esto ocurre siempre que se anteponga la tradición a la razón y al progreso.
    Pero, ¡ojo!, que hay tradiciones con una antigüedad máxima de 60 años, que en este país tienen preferencia sobre toda razón e intentento de modernizar.
    Además, a los protaurinos los queda la defensa de que en ese país vecino que hace dos siglos iluminó al mundo con esa luz que dimanaba de su célebre revolución, también son legales las corridas de toros.
    ¡Qué más da que el torito sea de 2 años, de 4 o de 6!
    Lo que está en discusión es si mantener o abolir un espectáculo sangriento y sádico que consiste en torturar a un mamífero superior hasta la muerte, a base de despachar entradas para que lo presencien miles de espectadores.

    No sé cuántos trenes han perdido los españoles para civilizarse, para modernizarse, para desanzolarse del yugo axfisiante del catovaticanerío, para abrazar una verdadera democracia a poder ser..., con república incluida. ¡Pues eso!

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  2. Y que lo digas. Seguimos siendo la España de las tradiciones.

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